Amores y viajes #n

 Primera parte de un trabajo más largo. 

Analogías,

Hoy traigo analogías y comparaciones 

Entre varias situaciones.

Se han mezclado en mi mente,

Los viajes y las pasiones. 



Las ciudades se han convertido en mis amores, mis amores en viajes, los viajes en mi vida. 

Amores, paseos y Viajes

Notas filosóficas 

¿En qué se parecen los amores y los viajes? En muchas cosas, ¿no? En los sentimientos que traen, en la manera en la que nos cambian para siempre, en que consisten en descubrir lo desconocido: un cuerpo/ un territorio, una persona/una ciudad, una cocina/una cultura. En que nos devuelven las ganas de vivir pero nos desgastan. En los nervios que nos traen, las mariposas en el estómago, la serotonina, la adrenalina, el miedo y la valentía. 

Ambos nos alejan y a la vez nos acercan a nosotros mismos. Ambos, en eso, son ambivalentes:  Nos dan y nos quitan, nos dan energía y nos desgastan. ¿Cómo podríamos pretender que lo que vale la pena en la vida no nos de felicidad y a la vez nos traiga sufrimiento? Esto es ley, y todos los sabemos aunque huyamos. 

Y también se parecen mucho en su naturaleza continua. ¿Qué cuenta como un viaje? ¿Qué cuenta cómo un amor? Nos amenaza la paradoja del continuo para definir cualquiera de los dos términos: ¿ir en transmilenio hasta muy lejos, a un lugar de Bogota que uno no conoce, y dormir allá, cuenta como un paseo? ¿Coger un tren 4 horas y 4 horas, es un paseo o un viaje? ¿Un intercambio cuenta como haber vivido por fuera? ¿Un amante de una noche muy intensa y muy íntima cuenta como un amor? ¿Un man con el que uno ha salido 4 meses y que conoce a la familia de uno, es un novio? ¿El casi-algo eterno, es algo? ¿no es nada? ¿O es realmente un casi? 

¿Una mudanza es un viaje? 

¿Un matrimonio es un amor? 

Les dejo ahora que lean y vean cómo los amores se parecen a sus viajes, y cómo las ciudades se parecen a las relaciones amorosas. 


Analogías 

Hay amores...

Hay amores que son como viajes: 

Emocionantes, angustiantes, intensos

Se viven con toda el alma, se sienten de mil maneras

Son de esos viajes en los que pasan infortunios: 

Se olvida el tiquete, se pierde la billetera, uno se pierde en una ciudad

En los que se extraña a la casa, en los que se sufre y se disfruta


Hay amores que son como intercambios,

Se empieza una nueva vida, 

Se construye un nuevo yo

Y luego se vuelve a la universidad de origen, 

A la casa, desconcertado. 


Otros son como mudanzas,

Requieren mover todo de un sitio a otro,

Empezar de 0 e indefinidamente,

Asumir un compromiso,

Organizar y desempacar todo,

Pero tampoco son definitivos,

Aunque nos cambien demasiado.


Y hay amores que son como paseos.

Con todo planeado. 

Con hoteles de lujo.

Paseos largos o cortos. 

De adultos con plata, 

Paseos a Melgar: 

Divertidos, agradables, placenteros, 

Sin miedos ni desgracias, 

Sólo buenos recuerdos,

Pero ningún cambio profundo,

Ninguna emoción fuerte,

No nos llevan muy lejos,

A menos, pienso,

De que sean muy largos.

Suaves pero largos,

Como un gran paseo en carro.


Diferencias


Para hablar de analogías, sería responsable hablar de diferencias. Hay montones. Pero la que más me da vueltas en la cabeza, es que, en muchos casos, es más fácil volver a una ciudad en la que se vivió, que a un amor. A veces no, y a veces es por cuestiones económicas o geográficas. A veces por nostalgia. Pero es distinto; muchas veces las ciudades abren la posibilidad de no romper la relación del todo, de tener vidas paralelas entre varias ciudades. Con los amores eso es más difícil. Al mudarse de un amor, venir de visita una vez al año y recuperar la vida pasada es más difícil que con una ciudad. Sin embargo, pienso, es posible, si la analogía se logra plastificar lo suficiente, y si se dan las condiciones.




Amor y ciudades 


Tratado


Cada día pienso más, y en eso me alineo con los pensamientos de mi querida Carla, que las ciudades son como los grandes amores de mi vida. 



Que dejaría a un hombre por una ciudad, 


Pero es muy poco probable que deje una ciudad por un hombre. 


He dejado amores por ciudades, he hecho por las ciudades que nunca he hecho por nadie 



Y lo que me recuerda más que las ciudades son como los amores, es que cada vez que uno conoce a un amor nuevo, o llega a una nueva ciudad, todo es luna de miel, color de rosa, cada día es emocionante y divertido, o a veces es horrible y aterrador, pero es emocionante. Pero un día se presenta la monotonía, y ninguno de los dos sabe cuándo fue ese día, pero parece haber sido hace mucho. Y entonces hay momentos en los que todo es fastidioso; todo lo que hace es estresante, y dan ganas de irse, de alejarse para no desesperarse. Se vuelven feos y estúpidos, falsos, pretenciosos, superficiales, aburridas, agresivas, insípidas, intensas, malos amantes, desagradables, peligrosos. Ahí es cuando viene el impulso de huir, pero luego algo me trae de vuelta, algo me jala, todo lo malo se olvida temporalmente, empieza la idealización "ay lo que tenía con él era tan bueno, mi ex es mejor que mi novio", y luego vuelvo y entonces me acuerdo de todos los defectos, me acuerdo de por qué me fui, pero también de por qué quiero volver, pero parece no poderse. Y entonces paso a la siguiente, y me digo que tal vez algún día vuelva. 


Analogías


Bogotá,


Fue mi primer amor


El del colegio: ese amor al que molestas en el recreo y te parece estúpida.


Pero del que te vas enamorando con los años que pasan, por verla todos los dìas.  



El amor con el que duré más años, al que inevitablemente vuelvo y quiero volver indefinidamente, así muchas veces sienta que es ella la que me va a terminar, que me expulsa, que me aburre, por la costumbre, porque todo a veces parece ser igual, las presiones familiares, la sociedad bogotana. Es la novia eterna con quien la relación se hace tediosa, desesperante como un trayecto en bus con lluvia y trancón, un transmilenio lleno. La ex con la que te preguntas cómo hicieron para durar tanto, que a veces pensando en ella en retrospectiva te dices que menos mal ya no estás con ella, que había mejores cosas esperando para ti, pero a veces te preguntas si en realidad, no hay como el primer amor.



Pasan los años y es la ex que nunca se olvida, con la que has pensado mil veces en casarte y tener hijos, a la que le vuelves a escribir de cuando en cuando,


Con la que cangrejeo todos los años y que duele, duele mucho, es nostalgia pura, es la mayoría de mis recuerdos, con los que vivo todos los días. En cualquier momento de distracción se aparecen mil lugares, mil sonrisas, mil llantos. Es el novio con el que quiero arruncharme cuando estoy muy triste, al que le quiero escribir cuando me siento lejos y sola. Pero que paradójicamente fue el que pude dejar con más facilidad, tal vez porque sería la terminada menos definitiva, tal vez porque se que estará allí esperándome cuando tenga 40 y esté cansada de amar y viajar.



Paris,


Fue siempre mi amor platónico. El que idealice toda la vida, que pensé literalmente que era un dios. Y por ende ha sido la relación más intensa. Apasionada, llena de peleas, de terminadas. Le he terminado a París mil veces. Me he ido de la casa con la maleta cada vez que peleamos, cada mes que peleamos. Me ha roto el corazón mil veces y no puedo parar de amarla, de verla pasar por mi cabeza, por la calle, por mis fotos, y derretirme de amor. Nos hemos gritado, tenido el mejor sexo, los momentos más tristes y más tóxicos. París también dolió por lo mucho que la idealizaba. Después de años de citas muy cortas, cuando nos cuadramos se me tuvo que caer el héroe en algún punto. Llegué a odiarla mucho, quererme ir muy lejos, pensar que en realidad, es una porquería sucia, llena de ratas, que huele feo, que me trata mal, llena de gente falsa y pretenciosa, de parisinos burgueses insoportables y maltratantes. Lo más lindo de ella me empezó a parecer falso, como un cuerpo mal operado, deforme, o una persona con ropa de mal gusto. Y sin embargo, como con Bogotá, vuelvo a ella, de manera incluso más compulsiva, porque quedamos más en contacto y vivimos más cerca. Trato muchas veces de no hablarle por mucho tiempo, o incluso a veces me digo que debería dejar de hablarle, y de repente me llegan al correo unos tiquetes para ir a verla que me gustaría sentir que no compré yo, y no lo puedo evitar. 



Bruselas


Un amor extraño. Diría que fue un amor de verano, pero fue más que un verano. Fue el puro amor de juventud. El primer novio después del ex de 10 años. Ese que te hace ver que te puedes volver a enamorar. Que te devuelve la vida con toda su fuerza. Un amorsito no tan intenso pero al que le tienes cariño toda la vida por haberte recordado que se podía volver a amar, que me enseñó lo que era la libertad, que me ayudó a entender quién era yo. 



Bruselas no era tan atractivo, no era extremadamente hermoso. Era desordenado y un poco sucio, hacía mucho ruido, hablaba duro, se echaba pedos, a veces era muy agresivo conmigo. Pero era la primera vez que tenía una relación con alguien diferente a Bogotá. Todo era nuevo, emocionante, intenso, le gustaba el tecno, y fue la primera vez que escuché tecno. Era un poco peligroso, lo supe después, pero me sentí segura con él. Y las noches que pasamos juntos me revelaron tanta fuerza interna que me di cuenta de que podía enamorarme en serio, tal vez no de él, pero que se podía. 



Viena



Viena es una relación “seria pero amorosa”, me dijo un amigo el otro día. Fue la primera vez que tuve una relación así. Pero no la disfruté tanto porque sentía que estaba demasiado joven para una relación seria pero amorosa. Sobre todo para una relación seria. Pero incluso, tal vez era demasiado amorosa para mis deseos de intensidad juvenil, esa necesidad de conflicto, emociones intensas, euforia total y tristeza. Y a veces sentí euforia total en Viena, pero muchas otras veces, no era suficiente diversión, era demasiada tranquilidad. Entonces la dejé, pero con la esperanza de que me espere cuando esté mayor, o simplemente me reciba entre sus brazos cuando no pueda más, que me arrunche aunque lleve todo el año metida en otras relaciones intensas con otras ciudades. Que me dé un café Vienés y una torta deliciosa mientras cae nieve afuera, o me abrace con las aguas del Danubio cuando hace calor, que refresque mis pensamientos, y me tenga paciencia. Es ese amor que uno sabe que algún día podrá ser, pero mientras tanto no importa, porque la adultez y la madurez le permiten esperar tranquilamente en un apartamento con grandes ventanas, grandes cuartos, grandes camas y pequeñas salas, y recibirme con amor cada vez que lo necesito, darme besitos y abracitos, aunque no me quede con ella. Viena es ese amor que va despacio, en el que se vive el día a día y se disfruta simplemente la compañía. 



Berlin



¿Qué va a ser Berlín? ¿En qué se podrá convertir una relación que hasta ahora ha sido sólo sexo casual, “one night stands”? Como muchos One night stands, conocí a Berlín de manera inesperada. Nunca había oído hablar de él, y no teníamos amigos en común. Pero me gustó. Me gustó mucho. Al principio sólo fueron besos, pero luego nos comimos durante una semana. Lo que pasa es que da unas vibras muy visajosas. Cuando lo conocí, sentí que era muy triste, muy darks como dicen, con una oscuridad interior muy grande y difícil de describir. Entonces como recomiendan las personas de mi generación y el instagram, decidí decirme que ese lado oscuro era una red flag, y que tal vez nunca debería irme a vivir con él. Sin embargo, no había ningún problema con ir a visitarlo uno que otro fin de semana, pegarnos severas farras, y luego tener un sexo sin sentimientos pero muy intenso, violento, delicioso y a la vez terrible. Así seguimos varios años, y me obsesionaba su recuerdo, como siempre pasa con los tipos tóxicos, adolescentes, los sad boys sexis. Y aunque me decía: ¿Cómo me pude enamorar yo de un tipo así? también otra parte de mi decía, siento que hay algo por descubrir allí. Tal vez no sea tan triste en realidad, en realidad se ve muy divertido, un tipo que hace muchas cosas, con el que se puede hablar de todo, y si es muy triste de pronto yo puedo cambiar eso, me decía. Entonces me mudé con él. Sin haber pasado mucho tiempo juntos antes, con el riesgo de que me meta en sus vicios y sus problemas, pero también con la posibilidad de que sea una persona increíble a la que ame. 



Munich



Munich es un amigo de mi novio, al que él en realidad detesta un poco, pero al que le he cogido un cierto cariño, y me gustan algunas cosas de él. Pero, por ser amigo de mi novio, nunca será nada mío, será siempre a quién sólo podré ver cuando mi novio esté ahí, y cuando terminemos, si me encuentro o veo a su amigo, me va a poner muy triste, me va a recordar a mi novio, me va a poner muy nostálgica. Además porque fue alguien a quién no conocía casi pero con quien tuve que pasar mi primer duelo, por razones circunstanciales. Me siento cómoda con él, pero me aburro, somos amigos, pero no tanto. Nunca me podría enamorar de él pero me ayuda a salirme de mi propia realidad, porque es externo a ella. 



Cali


Cali es un man muy sexy. Baila salsa delicioso. Hemos tenido sexo varias veces, y ha sido increíble, como un baile en el calor. Pensé que me iba a enamorar, que quería vivir con él e ir a tomar cholao y comer empanadas en el fresco atardecer. Pero luego me di cuenta de que seguía siendo un amante, sensual pero no tan intelectual, hostil a veces. Pero bueno, también es que no lo conozco tanto, pero le escribo de cuando en cuando y a veces me imagino viviendo una vida deliciosa con él, llena de baile, sexo y comida, renunciando a mi frialdad, dejándome llevar por su calentura. 




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